Durante estos meses que han pasado y nos obligan a pensar en formas de cambiar la vida tuve la oportunidad de ser mucho más consciente y replantear mi cotidianidad. Fui (y soy) muy afortunada, pues el tiempo de pandemia me sirvió, no solo para estar sana y cuidar a los míos, sino para emprender y estudiar sin tener dificultades como las que otras personas han tenido que enfrentar. Pero, aún si suena desagradecido o caprichoso, no puedo dejar de sentir un nudo en la garganta por no tener el privilegio de ir a ver a Millonarios cada semana y a cada momento.

Seguramente para muchas personas, inclusive algunas de las que están leyendo este texto, Millonarios y el fútbol en general, no son una prioridad ni fueron trascendentales en unos meses en donde lo que primó fue mantener estable la salud, unida a la familia y aguantar económicamente para no caer en crisis. Para mí estos meses, además, significaron una inyección poderosa de amor y de importancia a lo que Millonarios significa en mi día a día.

Después de esta temporada de cuarentenas y aislamiento, estoy totalmente segura de que puedo vivir sin fútbol, puedo vivir sin estar en el Campín y puedo vivir sin Millonarios, pero comprobé que gran parte del optimismo y del sentido de mi vida se lo debo a ver a mi equipo corriendo detrás de un balón, al resultado del partido, a estar pendiente de la tabla de posiciones, a darme el tiempo de escoger qué camiseta ponerme, a envolverme con toda la información actual del club.

Mi optimismo con la vida se alimenta de cumplir la cita de honor sagrada con mis amigos y familia en el estadio, compartir fotos y abrazos con la gente en la tribuna, celebrar las victorias; darnos ánimo y no perder la esperanza cuando hay derrotas, gritar enloquecidamente una decisión del árbitro o cuestionar al cuerpo técnico cuando hace un cambio. La sensación de estar sentada en el balcón de oriental mientras veo pasar en frente mío las horas más bonitas hace que, aún si puedo, no elijo vivir sin fútbol, ni vivir sin Millonarios.

No sé si siempre exista el fútbol, me da angustia y ansiedad ver las transmisiones sin público de las ligas en otros países, no tengo la más remota idea de lo que venga para Millonarios después de esta pausa tan confusa y tan dura, pero estoy segura de que no quiero volverlo a extrañar de esta forma.

A veces dicen que hay que irse para saber volver y hace poco escuché que cuando uno se va, la mejor parte es regresar. No sé si realmente sea una frase que aplique para todo en la vida porque soy fiel creyente de que hay situaciones en las que uno jamás debería dar un paso atrás, pero me prometí a mi misma que voy a hacer esta frase justa y suficiente para volver a mi lugar con Millonarios y para mantener intacto el inmenso amor que le tengo.

Que vengan mejores tiempos, que esta sacudida realmente haya servido para cuidarnos, unirnos y volvernos más humanos. Que le hayamos dado más valor a las cosas que siempre dimos por sentadas porque el fútbol nunca nos había faltado a este nivel. Espero que nos cuidemos en nombre de los que perdieron esta batalla, que hayamos tenido tiempo de estar bien, pero, sobretodo, ¡que no me faltes nunca, Millonarios de mi vida!

Laura Guáqueta

@lauraguaqueta