Millonarios ganó, y en torneos internacionales eso siempre es importante, pero el 1-0 ante Boston River en El Campín dejó una sensación extraña: alivio por los tres puntos, pero muchas dudas en su juego. Porque sí, Millonarios ganó, pero no convenció.

Lo bueno: apareció el héroe de la noche y Bustos acertó

Cuando el partido se iba apagando y la paciencia en las gradas empezaba a agotarse, apareció Carlos Darwin Quintero. Después de 85 minutos de frustración, el científico del gol encontró el tanto que le dio la victoria a Millonarios. Un gol que no solo valió tres puntos, sino que evitó que la noche terminara en crisis.

Ahí hay que darle mérito al técnico Fabián Bustos. La solución llegó desde el banco. Supo leer el partido, mover las fichas y encontrar en los cambios la respuesta que el equipo no había tenido en cancha. En este tipo de torneos, al final de cuentas, todo lo que importa es ganar.

Lo malo: un equipo sin juego y sin creatividad

Más allá del resultado, el rendimiento dejó muchas dudas.

Millonarios nunca encontró su juego. Insistió por las bandas, pero no logró generar peligro real ni profundidad. Fue un equipo predecible, fácil de leer, sin sorpresa. Por momentos me dio la sensación de que faltaba alguien en la cancha. Un jugador que pensara el juego, que filtrara un pase distinto, que rompiera líneas y le diera otra dimensión al ataque.

Se notó aún más ante un rival como Boston River, que no ofrecía demasiado en ataque, pero que igual logró acercarse en ocasiones al arco. Un equipo más contundente no perdona esas concesiones. Millonarios ganó por una jugada aislada. No por funcionamiento.

Lo feo: ¿Dónde quedó Millonarios?

Hay una pregunta que quedó flotando en el ambiente: ¿dónde quedó el Millonarios que ilusionó hace unas semanas? ¿El que le ganó a Nacional en el Atanasio? En el frío de El Campín, pocos lo encontraron.

Antes del gol, la hinchada ya mostraba su desesperación. Desde la tribuna se pedía algo más, intensidad, carácter, esa “milla extra” que el equipo no estaba dando, y es que, más allá del resultado, preocupa la sensación de retroceso. Ese equipo que venía construyendo identidad, que empezaba a mostrar una idea clara, hoy parece perdido, sin una organización definida en la cancha.

En lo feo también quiero agregar un detalle que abre debate. ¿Cómo es posible que la CONMEBOL autorice una pausa de hidratación en Bogotá, con temperaturas entre 9 y 11 grados? Cuesta entender si realmente responde a una necesidad física o si termina siendo un tiempo técnico encubierto para que los entrenadores ajusten. El fútbol no es un deporte que históricamente haya necesitado este tipo de interrupciones, y en un contexto como este, más que ayudar, rompe el ritmo del juego. Ahí queda abierta la discusión.

Millonarios sumó tres puntos importantes, sí. Pero también dejó claro que necesita mucho más. Porque en torneos internacionales no alcanza solo con ganar. Hay que jugar mejor, sostener una idea y demostrar que lo bueno que mostró hace unas semanas no fue un espejismo.