Millonarios ganó un partido sufrido y muy enredado ante Boston River por la segunda jornada de la Copa Sudamericana. Sumar de local es una obligación innegociable en torneos internacionales para no repetir la historia de la Libertadores 2024. A pesar de conseguir los tres puntos, el funcionamiento del equipo de Fabián Bustos dejó muchas dudas, aunque las variantes del técnico le cambiaron la cara al partido en el complemento, pero la situación futbolística azul sigue dejando un margen amplio de mejora.

Un rival mixto y una hinchada impaciente

Boston River saltó a la cancha de El Campín con una nómina mixta conformada casi en su totalidad por suplentes. A pesar de enfrentar a un rival con poco rodaje, Millonarios no logró imponer condiciones desde el arranque. La afición no tuvo paciencia. Al minuto siete bajó desde la tribuna el cántico de «Movete, Millos movete», reflejando la frustración acumulada tras el empate en el clásico contra Santa Fe.

El primer tiempo estuvo marcado por la imprecisión y la desconcentración local. El momento más tenso ocurrió al minuto 29 con un insólito cobro de tiro de esquina. Mackalister Silva sacó en corto hacia Sebastián Valencia, quien regresaba a la cancha y estaba en evidente fuera de lugar. Esta jugada desató el enojo de los hinchas ante la evidente desconexión del equipo. Boston River aprovechó las facilidades por la banda izquierda y sostuvo posesiones largas, mientras Leonardo Castro desaprovechó un cabezazo claro frente al arco al cierre de la primera mitad.

La primera parte finalizó con un aparatoso choque de cabezas entre Rodrigo Contreras y Carlos Sarabia. Siguiendo estrictamente los protocolos de la Conmebol por contusiones, el delantero tuvo que ser sustituido. Su reemplazo fue Radamel Falcao García, quien ingresó para el segundo tiempo bajo una ovación monumental. El Tigre entró con tanta emoción que intentó realizar el saque inicial, a pesar de que el turno le correspondía a Boston River. El histórico nueve mostró un excelente ritmo, participando activamente como pivote y demostrando su intacta calidad.

Los aciertos de Bustos y el desahogo de Quintero

Ante la falta de gol, Fabián Bustos movió el banquillo con cambios que inicialmente generaron resistencia en la tribuna. Ingresaron Sebastián Viveros del Castillo, Carlos Darwin Quintero, Julián Angulo y Beckham Castro. Las modificaciones le dieron un nuevo aire al ataque y generaron opciones inmediatas de peligro. Beckham tuvo un mano a mano claro, pero decidió definir en lugar de asistir a Falcao y el portero uruguayo le atajó el remate.

Poco después llegó el desahogo. Julián Angulo desbordó desde la banda hacia el centro y asistió a Carlos Darwin Quintero en la medialuna. El resistido atacante sacó un remate ajustado al palo derecho para marcar su primer gol con Millonarios, desatando el grito de todo un estadio que exigía más compromiso.

Tras la anotación, el equipo local sufrió una incomprensible crisis de nerviosismo. Los jugadores que ingresaron como recambio no regresaron a hacer las coberturas defensivas durante las transiciones uruguayas. Boston River atacó constantemente por la banda izquierda, aprovechando que Beckham Castro no bajaba a respaldar la marca, aunque, afortunadamente, no logró concretar disparos al arco. Diego Novoa, con poco trabajo en la noche, terminó quemando tiempo y devolviéndole la dosis al portero visitante, quien, al salir del campo, aplaudió a la tribuna.

Finalmente, Millonarios ganó el partido y la gente despidió al equipo con aplausos. Esta victoria es un tanque de oxígeno puro, pues corta una racha de cuatro partidos sin ganar y acomoda al equipo en la Sudamericana. Ahora el cuerpo técnico deberá evaluar a los lesionados Rodrigo Contreras y Danovis Banguero para preparar el crucial duelo del domingo ante el América.