Hay derrotas que duelen por perder un partido y hay otras que dejan una sensación mucho más profunda. La caída 3-2 ante Santa Fe, en el clásico capitalino adelantado de la fecha 16, pertenece a la segunda categoría. Millonarios volvió a desperdiciar una ventaja, dejó escapar un partido que comenzó ganando y terminó pagando caro sus desconexiones. Pero esta vez hay algo más: el equipo llegó al clásico sin Fabián Bustos en el banco y salió de él con más preguntas que respuestas sobre lo que viene.

Millonarios dejó escapar los tres puntos

El partido comenzó con una señal que parecía alentadora. Apenas al minuto 6, Daniel Ruiz aprovechó una desatención defensiva de Santa Fe y puso el 1-0. Millonarios golpeó primero y durante varios minutos pareció encontrar el partido que necesitaba para dejar atrás, al menos por una noche, todo el ruido que había rodeado al club durante los últimos días.

Incluso Leonardo Castro llegó a marcar el segundo, pero el tanto fue invalidado por fuera de lugar. Santa Fe seguía con vida y Millonarios no consiguió aprovechar las oportunidades que tuvo para ampliar la diferencia en el primer tiempo. Y ahí apareció el problema que tantas veces ha acompañado al equipo: este embajador, cuando tuvo la posibilidad de cerrar el partido, no lo hizo.

Justo antes del descanso, Jhojan Torres encontró el empate y cambió completamente el estado de ánimo del clásico. El 1-1 no solo llevó a Santa Fe al entretiempo con vida, sino que le devolvió confianza a un equipo que hasta ese momento había tenido que remar desde atrás.

La remontada del cardenal

El segundo tiempo fue otra historia. Santa Fe salió con mayor decisión y rápidamente encontró el 2-1 por intermedio de Franco Fagúndez. Millonarios volvió a quedar obligado a reaccionar y, por momentos, pareció que el partido se le iba de las manos.

El golpe definitivo llegó al minuto 70. Emerson Rodríguez recibió con espacio y sacó un remate de media distancia que terminó en el 3-1. Un golazo del ex Millonarios, sí, pero también la imagen de un Millonarios que volvió a conceder demasiado en un partido que debía controlar.

Andrey Estupiñán, nuevamente entrando desde el banco, apareció para marcar el 3-2 y devolverle algo de vida a Millonarios. En los minutos finales hubo incluso opciones para empatar, cuando Santa Fe se quedó con un jugador menos, pero el equipo cardenal resistió y terminó quedándose con un clásico que había comenzado perdiendo.

Un clásico que llegó en el peor momento

Es imposible analizar este partido sin hablar de lo ocurrido fuera de la cancha. Apenas un día antes del clásico, Millonarios decidió terminar el proceso de Fabián Bustos y dejó al equipo en manos de Ómar Rodríguez y Gean Carlos Espinoza de manera interina. La decisión llegó a pocas horas de uno de los partidos más importantes del calendario.

Era difícil pedirle normalidad a un equipo que acababa de quedarse sin entrenador en cuestión de horas. Pero el fútbol no espera y Millonarios tuvo que salir a jugar el clásico con una situación que inevitablemente terminó pesando.

Rodríguez intentó mantener una estructura competitiva y el equipo consiguió ponerse arriba rápidamente, pero después volvió a aparecer esa falta de estabilidad que ha marcado buena parte del semestre. Millonarios pasó de tener el partido controlado a perderlo y, aunque reaccionó sobre el final, nuevamente terminó pagando sus errores.

No deja de ser curioso que el equipo haya mostrado carácter para buscar el empate cuando ya estaba 3-1 abajo, pero no haya tenido la misma capacidad para sostener la ventaja cuando estaba 1-0. La derrota deja al equipo con 11 puntos y en la quinta posición, pero más allá de la tabla, lo que preocupa es la sensación de inestabilidad. El proyecto que había comenzado con Fabián Bustos terminó antes de tiempo y ahora el club tiene que acertar en una decisión que puede marcar el resto del semestre.

Millonarios tiene otro partido que jugar fuera de la cancha.

El clásico terminó, pero para Millonarios el partido apenas comienza.

Mientras los jugadores deberán intentar sostener al equipo en competencia, la dirigencia tiene una tarea todavía más importante: encontrar al entrenador que pueda darle continuidad, identidad y estabilidad a un proyecto que volvió a quedar en construcción.

Entre los nombres que han empezado a aparecer están Ariel Holan, Alfredo Arias y Alberto Gamero, aunque todavía no existe confirmación oficial sobre quién será el próximo técnico.

La derrota ante Santa Fe no define por sí sola el futuro de Millonarios, pero sí deja una conclusión difícil de esquivar: el equipo necesita mucho más que un cambio de nombre en el banco. Necesita recuperar una identidad, corregir sus errores y encontrar estabilidad.