El Campín volvió a abrir sus puertas para otro semestre. Domingo por la tarde, cielo gris sobre Bogotá y una tribuna que, como tantas veces, llegó cargada de expectativas. Millonarios regresaba a casa para medirse con Junior y, aunque el calendario apenas marcaba el inicio del torneo, en el ambiente ya se respiraba la urgencia de obtener resultados.

El equipo cayó 1-2 en casa  y fue una confirmación de las dudas que rodean el proceso de Hernán Torres. El partido no solo dejó un resultado adverso, sino la sensación de que el equipo no logra consolidar una idea ni mostrar señales claras de progresión. El semestre apenas comienza, pero la paciencia de la tribuna ya empieza a tensarse frente a un proyecto que no termina de despegar.

Un primer tiempo cuesta arriba

Antes del primer golpe, Millonarios había tenido varias aproximaciones que invitaban a pensar en un desarrollo distinto. Hubo intención, circulación y presencia en campo rival, pero sin contundencia ni claridad en los metros finales. Esa falta de eficacia terminó pasando factura cuando, al minuto 27 del primer tiempo, Teófilo Gutiérrez aprovechó una desatención y abrió el marcador para Junior, silenciando por momentos al estadio.

Durante la primera mitad, uno de los principales problemas del conjunto azul fue la presión alta. Millonarios intentó incomodar la salida rival, pero lo hizo de manera desordenada y sin coordinación. Esa falla permitió que Junior superara fácilmente la primera línea y lanzara transiciones cortas, rápidas y peligrosas, encontrando espacios a la espalda del mediocampo azul.

La reacción llegó once minutos después. Al 38′ del primer tiempo, Rodrigo Contreras marcó su primer gol con la camiseta azul y devolvió la ilusión a la tribuna. El delantero celebró en norte y fue uno de los pocos que mostró rebeldía en ataque, dejando la sensación de que puede convertirse en una pieza importante para el futuro inmediato de Millonarios.

Sin embargo, cuando parecía que el empate le daba aire a Millonarios antes del descanso, llegó otro golpe. En el tiempo de reposición, Jermein Peña anotó el 1-2 para tras una jugada de pelota quieta. La acción volvió a exponer las falencias defensivas del equipo: los centrales de la visita pudieron rematar de cabeza en dos oportunidades sin mayor oposición, una fragilidad que ya empieza a ser constante en el equipo de Hernán.

Un cierre que deja inquietud

Diego Novoa fue protagonista en el arco azul. El guardameta respondió en varias ocasiones con atajadas clave que evitaron un peor resultado, pero no logró sostener al equipo en los momentos decisivos. A esto se sumó la jugada de gol anulada a Jorge Arias por fuera de juego, una acción que pudo cambiar el desarrollo del encuentro.

El cierre dejó una lectura incómoda. Más allá de nombres y momentos puntuales, Millonarios volvió a evidenciar la inefectividad de Hernán Torres para plantear un plan de juego dominante en El Campín frente a Junior, un rival ante el que no se perdía como local desde 2017. El estadio, testigo de tantas noches de fortaleza, esta vez volvió a reflejar una certeza preocupante: las dudas pesan más que las respuestas, y la hinchada no tardó en pedir la salida del técnico.