Empate con sabor… ¿A victoria o a derrota?

Esa es la pregunta que seguramente nos hacemos los hinchas de Millonarios. El 1-1 ante São Paulo en el Morumbí tiene argumentos para ambos. Por un lado, el equipo logró rescatar un punto sobre la hora ante el rival más fuerte del grupo y en uno de los estadios más difíciles del continente. Por otro, tuvo en sus pies la oportunidad de ganar el partido en el último suspiro y la dejó escapar con el penal desperdiciado por Rodrigo Contreras.

Lo cierto es que Millonarios sigue vivo en la Copa Sudamericana y llegará a la última fecha dependiendo de sí mismo para clasificar, algo que parecía mucho más complicado hace apenas unas semanas.

Lo bueno: personalidad para competir en el Morumbí

Si algo hay que reconocerle a Millonarios es que peleó hasta el final. El equipo no jugó su mejor partido y durante varios momentos fue superado por São Paulo, pero encontró la manera de mantenerse con vida y aprovechar una de las últimas oportunidades de la noche.

El ingreso de Jorge Cabezas Hurtado por Leo Castro terminó siendo decisivo. Cuando parecía que los tres puntos se quedaban en Brasil, apareció para marcar el empate y devolverle la ilusión a un equipo que por momentos lucía sin respuestas. Más que por el juego, el punto llegó por insistencia, carácter y convicción.

Lo malo: la oportunidad que se escapó

El fútbol suele ser cruel en los detalles y Millonarios dejó escapar una oportunidad histórica.

Después de conseguir el empate, llegó el penal que podía cambiar por completo el panorama del grupo. Era el momento perfecto. La posibilidad de llevarse tres puntos del Morumbí, quedar primeros en el grupo y firmar una de las victorias internacionales más importantes de los últimos años.

Rodrigo Contreras asumió la responsabilidad, falló el cobro y dejó la sensación de que Millonarios perdió dos puntos más que ganar uno.

Nadie puede discutir el esfuerzo del delantero durante el partido, pero la imagen del penal fallado inevitablemente quedará como una de las postales de la noche. En torneos internacionales las oportunidades son pocas y el equipo tuvo una inmejorable para dar un golpe definitivo sobre la mesa.

Lo feo: otra vez las desconexiones defensivas

Si hay algo que sigue apareciendo partido tras partido, son las desconcentraciones defensivas. Millonarios volvió a competir bien durante largos tramos, pero nuevamente sufrió cuando el rival aceleró.

El gol de São Paulo nació precisamente de una secuencia donde el equipo perdió referencias y permitió demasiadas facilidades dentro del área. No es la primera vez que ocurre este semestre y empieza a convertirse en un patrón preocupante.

Además, hubo inconformidad con algunas decisiones arbitrales durante el encuentro. Los jugadores de Millonarios reclamaron varias acciones y terminaron visiblemente molestos con el criterio del juez. Sin embargo, más allá de cualquier polémica, el equipo sigue dependiendo demasiado de su capacidad de reacción para corregir errores que él mismo provoca.

Hace unos meses, firmar un empate en el Morumbí habría parecido un gran negocio, y probablemente lo siga siendo. Millonarios sumó un punto valioso, más aún cuando O’Higgins perdió contra Boston River, y así mantiene más que vivas sus opciones de clasificación.

Pero la sensación final sigue siendo ambigua. El empate llegó sobre la hora y supo a hazaña, pero apenas unos segundos después la victoria estuvo al alcance de la mano. Millonarios rescató un punto valioso en Brasil y se mantiene con vida en la Copa Sudamericana. ¿Fue un paso adelante hacia la clasificación o dos puntos que terminarán pesando en las cuentas finales? La respuesta llegará en la última fecha.