Millonarios consiguió un triunfo importantísimo en Uruguay. El 4-2 sobre Boston River no solo lo volvió a meter en la pelea del Grupo C de la Copa Sudamericana, sino que también dejó algo que el equipo venía necesitando: capacidad de reacción. El partido no fue perfecto, ni mucho menos tranquilo, pero esta vez el equipo encontró respuestas cuando parecía que la noche volvía a complicarse y remontó un partido que ya se sentía perdido.
Lo bueno: la reacción de un equipo que no se cayó
Lo mejor de Millonarios estuvo en su capacidad para reaccionar. El equipo empezó perdiendo, tuvo momentos de confusión y por varios tramos volvió a mostrar dudas defensivas, pero esta vez no se desplomó emocionalmente. Respondió rápido, golpeó en los momentos justos y terminó resolviendo el partido con contundencia.
Rodrigo Contreras volvió a aparecer con un doblete en una noche donde necesitaba reencontrarse con el gol; Leonardo Castro convirtió desde el punto penal, aunque casi que no, y Beckham Castro cerró el triunfo sobre el final. Más allá de los goles, lo importante fue ver a un equipo que supo competir en un contexto incómodo y que entendió la necesidad de sumar fuera de casa.
Millonarios no jugó un partido redondo, pero sí mostró carácter para salir adelante cuando el partido se estaba enredando.
Lo malo: la defensa sigue dejando demasiadas dudas
El resultado no puede esconder algo que vuelve a preocupar: la fragilidad defensiva. Boston River, un equipo limitado, último en la tabla, y que llegaba golpeado en el grupo, encontró espacios con demasiada facilidad y logró hacerle daño en dos oportunidades a Millonarios.
Cada vez que el rival aceleró, el equipo dio sensación de desorden. Hubo errores en las marcas, dificultades para controlar las transiciones y momentos donde el partido quedó peligrosamente abierto. Contra un rival de mayor jerarquía, estos errores terminan costando mucho más caro.
Millonarios terminó siendo contundente en el ataque, sí, pero atrás sigue siendo un equipo al que le llegan demasiado fácil.
Lo feo: un equipo que todavía no encuentra estabilidad
Más allá del resultado, Millonarios sigue dejando una sensación difícil de descifrar. Capaz de reaccionar, de competir y de hacer cuatro goles en Uruguay, pero también de pasar largos momentos perdiendo el control del partido y dando ventajas innecesarias.
Hubo tramos donde el equipo volvió a verse desconectado, especialmente cuando Boston River adelantó líneas y encontró espacios para atacar. Millonarios, por momentos, juega mejor desde el caos que desde el control, y eso termina convirtiendo partidos manejables en encuentros abiertos e incómodos.
El triunfo sirve muchísimo, claro, pero también deja una conclusión evidente: este equipo todavía está lejos de consolidarse. Tiene carácter para levantarse en los momentos difíciles, pero aún le falta estabilidad futbolística y emocional para competir con verdadera tranquilidad en un torneo internacional.
Millonarios ganó y sigue vivo en la Copa Sudamericana; eso era lo urgente y lo consiguió, pero el partido también dejó claro que este equipo todavía está en construcción. Tiene carácter para reaccionar, gol para competir y jugadores capaces de cambiar una noche complicada, pero sigue lejos de transmitir seguridad.
En torneos internacionales, muchas veces no basta solo con responder; también hay que saber sostener, y ahí sigue estando la gran deuda de este Millonarios de Bustos.
