Millonarios volvió a tropezar. Esta vez cayó 1-0 ante Jaguares en Montería, en un partido que, más allá del resultado, deja varias dudas e inconformidades para un equipo que venía en alza. Porque no fue solo perder. Fue un partido en el que, tras un primer tiempo equilibrado, el equipo no encontró respuestas cuando tuvo que reaccionar y terminó cediendo puntos en una plaza donde estaba obligado a competir mejor.
Lo bueno: un primer tiempo competitivo
Durante la primera mitad, Millonarios compitió en un partido parejo, disputado principalmente en la mitad del campo y sin grandes diferencias entre ambos equipos.
Los de Fabián Bustos lograron controlar varios momentos del juego y no sufrieron en exceso, mostrando orden y una intención clara de manejar el ritmo del partido con el 60% de la posesión del balón.
El equipo no fue brillante, pero sí sólido en un contexto incómodo como Montería. Generó algunas llegadas, pero se encontró con una figura clave: el arquero de Jaguares, Franklin Mosquera, quien respondió bien y evitó que el marcador se moviera antes del descanso.
Lo malo: sin reacción tras el penal
El segundo tiempo cambió todo. Un penal en los primeros minutos a favor de Jaguares rompió el equilibrio y puso el 1-0 que terminaría siendo definitivo; aun cuando Novoa parecía que podía atajarlo, se le fue el balón entre los dedos.
Ahí apareció la gran deuda de Millonarios en este partido: la falta de reacción.
El equipo no logró responder ni desde el juego ni desde lo emocional. Le costó generar opciones claras, perdió profundidad y nunca encontró los caminos para inquietar a una defensa bien plantada. Jaguares entendió el partido, se organizó mejor y cerró los espacios con orden e inteligencia. Millonarios tuvo la posesión, pero no supo qué hacer con ella.
Lo feo: los cambios que no llevaron nada
Si algo terminó de preocupar fue la falta de opciones en las variantes. Los cambios de Fabián Bustos no lograron modificar el rumbo del partido. El equipo siguió siendo predecible, sin sorpresa y sin peso ofensivo en los minutos finales, cuando más lo necesitaba; incluso cuando Bustos metió toda la artillería en la ofensiva, el equipo no sabía cómo reaccionar.
Lejos de potenciar al equipo, las sustituciones no generaron un salto en el juego y dejaron la sensación de que Millonarios se quedó sin herramientas desde el banco. En partidos así, donde hay que romper un bloque bajo, la lectura del juego desde la línea es clave y esta vez no funcionó.
Millonarios venía en crecimiento, pero este partido, junto al empate en Bogotá contra Fortaleza, evidenció que aún hay aspectos por mejorar, especialmente cuando el rival propone un partido cerrado y obliga a tener paciencia y claridad. Una derrota que golpea fuerte en la pelea por llegar a los cuadrangulares.
Si algo dejó Montería, es una lección clara: no siempre alcanza con tener la pelota; a veces, también hay que saber qué hacer con ella.
