Millonarios Femenino se quedó a un paso de hacer historia. Las Embajadoras perdieron 1-2 ante Santa Fe en la vuelta de las semifinales y, después del 2-2 en el partido de ida, terminaron cayendo 4-3 en el marcador global. Una serie intensa, pareja y digna del clásico capitalino, pero que dejó a las dirigidas por Angie Vega nuevamente fuera de la final.

Lo bueno: un clásico a la altura

Hay que reconocerlo, fue una serie reñida de principio a fin. El 2-2 de la ida ya había mostrado que no había un equipo claramente superior y la vuelta mantuvo esa tensión. Millonarios tuvo que remar desde atrás después del gol de Daniela Garavito y encontró el empate en el segundo tiempo con Isabela Sánchez, para poner nuevamente la serie 3-3.

Durante los 180 minutos hubo momentos para ambos equipos, buenas intervenciones de las arqueras y una intensidad que correspondía a lo que estaba en juego. Incluso en la ida, las embajadoras llegaron a ponerse 2-1 arriba con los goles de Kelly Restrepo y Lina Gómez, antes de que Santa Fe igualara.

Hay que destacar a la hinchada que acompañó al equipo en el estadio o en su casa. Su presencia, aliento y respaldo demostraron que el fútbol femenino cuenta con una afición dispuesta a estar en las buenas y en las malas. Ese apoyo es fundamental para que el proyecto siga creciendo y para que las jugadoras sientan que no están solas en este proceso.

Millonarios compitió. No se puede decir que la serie se le escapó por falta de carácter o porque Santa Fe hubiera sido ampliamente superior. Fue un clásico definido por detalles y, esta vez, esos detalles terminaron del lado rojo.

Lo malo: Millonarios nunca encontró su juego

Pero competir no siempre es suficiente. Y esa es probablemente la principal sensación que deja la eliminación.

Millonarios no logró encontrar durante la vuelta el fútbol que lo llevó hasta las semifinales. Le costó darle continuidad a sus ataques, conectar sus líneas y convertir la posesión en situaciones claras. Hubo intención, hubo esfuerzo y hubo reacción después del 1-0, pero faltó esa claridad que tantas veces había mostrado el equipo de Angie Vega.

El empate de Isabela Sánchez volvió a abrir la serie y parecía darle a Millonarios el impulso que necesitaba. Sin embargo, la respuesta no alcanzó. Santa Fe aprovechó una desatención defensiva y Mariana Zamorano volvió a poner el 2-1, un golpe del que las Embajadoras ya no pudieron recuperarse.

En una semifinal tan pareja, no encontrar el propio juego termina pesando demasiado.

Lo feo: quedarse sin la final

Lo más doloroso es que Millonarios volvió a quedarse en la puerta. El equipo había construido una campaña que permitía soñar con algo más y llegó a esta semifinal con la posibilidad concreta de disputar, por primera vez, una final de la Liga Femenina.

No pudo ser.

Santa Fe, que disputará su cuarta final consecutiva, terminó imponiéndose en un clásico que se decidió por apenas un gol en el global. Para Millonarios queda la sensación de que la oportunidad estuvo ahí, pero que faltó ese último paso que separa un gran semestre de una temporada histórica.

La eliminación duele precisamente porque esta vez parecía posible. Las embajadoras compitieron, resistieron y tuvieron momentos para quedarse con la serie, pero en los partidos que definen todo también hay que encontrar el fútbol cuando más se necesita y Millonarios no lo encontró.

Se acabó el sueño de la final, pero también queda claro que este equipo no está tan lejos de jugarla. El reto para la siguiente temporada será convertir este fracaso en experiencia y hacer que la próxima oportunidad no termine en el mismo lugar, sino en la estrella que tanto quiere la hinchada para las embajadoras.