El debut de Millonarios en la fase de grupos de la Copa Sudamericana dejó más dudas que certezas. La caída 2-0 ante O’Higgins evidenció un equipo sin claridad, predecible en ataque y con dificultades para competir en un contexto internacional exigente.
Fue un partido en que los dirigidos por Fabián Bustos nunca lograron imponer su idea y terminaron viéndose superados en el desarrollo del juego. Un equipo que, por momentos, pareció predecible.
Lo bueno: hubo iniciativa, faltó ejecución
En un escenario siempre complicado, Millonarios intentó sostener una idea, luego del primer gol. El equipo no renunció a tener la pelota y buscó, sobre todo en el primer tiempo, competir desde el orden.
Hubo tramos en los que logró plantarse en campo rival y mantener el control, aunque sin traducirlo en peligro real. Rescatar algo positivo en una derrota así cuesta, pero la intención de competir está. Falta mucho más.
Lo malo: un equipo predecible y sin creatividad
El principal problema de Millonarios estuvo en su forma de atacar.
El equipo de Fabián Bustos volvió a cargar el juego por las bandas, insistiendo en los extremos como principal vía ofensiva. Pero cuando el rival se cierra y está bien organizado, ese plan se vuelve fácil de leer. Faltó juego interior. Faltaron asociaciones en el medio, claridad para filtrar balones y alguien que asumiera el rol de creador.
El propio Bustos lo reconoció tras el partido: el equipo tuvo dudas y no fluyó como en otros encuentros.
A eso se suma el momento de Rodrigo Contreras. Como diría mi papá anoche viendo el partido, “se le mojó la pólvora”. Lleva varios juegos importantes sin aparecer y el equipo lo siente.
En torneos internacionales la historia es distinta. En el primer gol, varios jugadores se quedaron esperando una falta tras la caída de Llinás en el área, pero ese tipo de jugadas rara vez se sancionan fuera del contexto del fútbol colombiano.
Lo feo: reacción tardía y un equipo sin respuestas
Cuando Millonarios necesitaba cambiar el partido, no lo hizo. Los cambios de Bustos se demoraron y no lograron modificar el rumbo del encuentro. El equipo siguió sin profundidad, sin sorpresa y sin herramientas para romper la estructura defensiva de O’Higgins. El rival, en cambio, fue ordenado, efectivo y supo jugar con la ventaja.
Millonarios tuvo la pelota en varios momentos, pero nunca supo qué hacer con ella. No encontró respuestas ni en la cancha ni desde la línea.
Ahí también hay un tema emocional y de lectura del juego que Millonarios debe ajustar. Mientras O’Higgins salió con intensidad, con los “taches arriba” y decidido a imponer condiciones, el equipo azul se vio sorprendido y terminó reaccionando tarde, quedándose corto en carácter y respuesta.
