Lo que prometía ser una jornada de ilusión tras la victoria en Medellín terminó en una profunda decepción internacional. El esperado debut en Rancagua resultó siendo una demostración de falta de carácter y responsabilidad por parte del equipo Embajador. No se trata solo de buscar los tres puntos o el empate, pues en el fútbol los resultados nunca están asegurados. Se trata de ofrecer una presentación digna y un buen espectáculo para los hinchas que hicieron el enorme esfuerzo de viajar hasta Chile para acompañarlos. Millonarios dejó una imagen muy pobre y perdió 2-0 ante O’Higgins en la primera fecha de la fase de grupos de la Copa Sudamericana. 

La hinchada de Millonarios en Chile

La hinchada de Millonarios en Rancagua, Chile.

Las irresponsabilidades que cuestan caro en Sudamericana 

El planteamiento inicial de Fabián Bustos insinuaba una intención ofensiva en el estadio El Teniente. El técnico decidió alinear al volante improvisado Sebastián Viveros del Castillo en lugar de usar a Samuel Martín como un lateral natural. Sin embargo, Millonarios nunca buscó el partido, careció de claridad y fue dominado por el conjunto chileno desde el arranque.

El primer error irresponsable de la noche ocurrió en el área donde Andrés Llinás perdió increíblemente la marca. El central colombiano se dejó caer buscando simular una falta que el árbitro no iba a conceder, permitiendo que el delantero Castillo anotara el 1-0 con total libertad. Este tipo de desatenciones no se perdonan en torneos internacionales, mucho menos cuando el juez central ya había omitido faltas similares sobre Jorge Arias.

Un mediocampo ausente y sin reacción

A pesar de estar abajo en el marcador, Millonarios no logró generar opciones de riesgo reales. La única aproximación que generó algo de sensación fue un cabezazo de Rodrigo Contreras tras un tiro de esquina que el portero chileno controló sin problema. A partir de ahí, O’Higgins parecía estar más cerca de ampliar la ventaja mientras el equipo azul no encontraba la brújula. David Mackalister Silva, el llamado a ser el eje del equipo y dueño de la posesión, falló constantemente en la entrega del balón.

La expulsión, los resbalones y la debacle final

Para el segundo tiempo, el cuadro local decidió cederle la posesión a los bogotanos. La estrategia chilena apostó por esperar el error individual visitante, y este no tardó en llegar. Jorge Arias, quien ya estaba amonestado por cortar juego, cometió una imprudente falta lanzándose en plancha y vio la segunda tarjeta amarilla. Esta expulsión dejó al equipo en inferioridad numérica justo cuando se preparaba el regreso de Radamel Falcao García, quien esperaba en la línea junto a Danovis Banguero y Stiven Vega.

Con diez hombres en cancha, cualquier intento de modificación táctica quedó en el aire. Cerca del minuto 81, un nuevo horror defensivo sentenció el encuentro. Un resbalón impidió que Diego Novoa cortara un centro y la falta de comunicación entre Llinás, Elizalde y Banguero dejó solo al atacante González para que marcara el 2-0 definitivo.

Las malas decisiones individuales arruinaron cualquier trabajo de la semana. Desde la simulación de Llinás y la expulsión de Arias, hasta la pésima elección de los guayos que provocó constantes caídas en el césped, todo sumó para dejar una imagen continental lamentable. Así nuevamente Millonarios vuelve a perder puntos por errores individuales, como pasó contra Jaguares y Fortaleza.

La urgencia del clásico capitalino

Ahora Millonarios tendrá que pasar rápidamente este trago amargo y enfocarse en la urgencia de la liga local. El equipo llega con la obligación absoluta de sumar ante su histórico rival, Independiente Santa Fe, este domingo a las dos de la tarde. Un empate o una derrota en el clásico capitalino podrían complicar seriamente las aspiraciones en el campeonato. La derrota en Chile no solo es un mal inicio en la Copa Sudamericana, sino que vuelve a sembrar enormes dudas sobre un equipo que parecía mostrar un cambio de actitud.