A pesar de la ilusión que genera cada inicio de semestre, lo que se vio anoche en Bucaramanga fue motivo de preocupación para la afición Embajadora. Millonarios perdió 2-1 ante Atlético Bucaramanga en el estadio Américo Montanini, evidenciando las mismas fallas que le costaron el semestre pasado.

Lo bueno

Millonarios abrió el marcador y se fue ganando al descanso, algo que siempre es importante anímicamente en un debut de Liga. La jugada de Stiven Vega terminó en autogol del rival para el 0-1 parcial.

El equipo mostró algo de organización inicial y supo aprovechar una situación aislada para abrir el marcador, lo que dejó alguna esperanza de poder sostener la ventaja. Pese a que fueron pocas, esas acciones ofensivas demostraron que el plantel sí tiene recursos, aunque insuficientes.

Lo malo

Millonarios no supo administrar la ventaja, y rápidamente Bucaramanga encontró el empate y después la remontada con goles de Leonardo Flores y Luciano Pons en pocos minutos del segundo tiempo. Hubo poca posesión y control del juego por parte de Millonarios. El rival dominó más las acciones, tuvo más tiros y obligó al equipo a replegarse.

La generación de juego fue preocupante. Mackalister Silva fue claro al decir que “todo fue negativo”, que no hubo claridad ni precisión para conectar pases y producir opciones.

“Nosotros, los jugadores, no supimos y no tuvimos la claridad que el profe nos habría pedido. Total, eso lo hablábamos con Darwin en la cancha, nos decíamos, ‘tenemos que hacer algo porque nosotros somos los encargados de dar fútbol’. Pero no logramos hacer dos pases seguidos, y cuando pasa eso, es muy difícil generar juego”, declaró el capitán.

El técnico Hernán Torres admitió falta de finura en la definición, pérdida fácil de la pelota y errores en la recuperación, aspectos que pesan especialmente en un equipo que debería competir por títulos.

Lo feo

Más allá del resultado, lo que más alarma a la hinchada fue la actitud general del equipo en varios tramos del partido: sin ritmo, con imprecisiones constantes y sin respuestas claras cuando el rival lo exigió. 

Las decisiones tácticas y los cambios no lograron revertir la tendencia del juego, y el rival se llevó el triunfo siendo superior en la cancha. La derrota volvió a dejar una sensación de frustración y estancamiento, principalmente por la repetición de errores que se pensaba se habían trabajado durante la pretemporada.

El debut de Millonarios fue un fuerte recordatorio de que el equipo aún no levanta cabeza, a pesar de las expectativas y de contar con varios jugadores nuevos en la plantilla.

La caída por 2-1 ante Bucaramanga fue más que un simple resultado: fue una fotografía preocupante de las carencias estructurales del equipo tan solo iniciando el torneo. La falta de contundencia, los errores defensivos y la incapacidad de mantener el control del juego deben ser señales de alarma para el cuerpo técnico y la dirigencia.

Si Millonarios quiere competir en serio por la estrella, estos aspectos deberán ser corregidos de inmediato, antes de que la imagen del equipo y la confianza de la afición se deterioren aún más desde el inicio.