Hechos y opiniones

Hechos y opiniones

Hace algunas semanas resalté esa característica particular que tiene el fútbol de permitir que cualquier individuo se pronuncie sobre el tema y casi sin importar el calibre de su afirmación, ésta sea considerada como un argumento válido y digno de respeto. En pocas palabras, me refería a que en el fútbol nadie puede adjudicarse el monopolio de la verdad. Gracias a esa condición, se generan amplios y acalorados debates en torno a los equipos y el juego.

Pero, aunque haya muchas cosas relativas, en el fútbol también existen verdades incontrovertibles. El sábado, Maxi Núñez jugaba discretamente, como lo ha venido haciendo desde hace un buen tiempo. Al menos desde mi perspectiva. Me incluyo dentro del grupo de quienes pedíamos su cambio en el intermedio, no porque tuviéramos a Neymar para reemplazarlo, sino porque su participación era floja y el equipo requería de un revulsivo, de algo diferente. Opiniones.

Sin embargo, bien sea porque Russo lo ubicó mejor en el segundo tiempo, porque aprovechó la amplitud de la cancha o porque mejoró su nivel en la segunda parte, el jugador terminó siendo determinante para la remontada, poniendo las dos asistencias del partido. ¿Quién puede controvertir los hechos?

De inmediato, defensores y detractores de Núñez se encasillaron en una discusión tan improductiva como tonta. Los primeros, recurrieron por supuesto a las asistencias para ‘restregarle’ en la cara lo equivocados que estaban los segundos, quienes a su vez apelaron al desempeño en los partidos más recientes del jugador e incluso al primer tiempo en Envigado para justificar su posición. Pocos se detuvieron a pensar que tal vez había un punto medio, donde ambos tenían la razón.

Pongo el ejemplo de Núñez para ilustrar la dinámica de la opinión entre los hinchas. Pero el asunto es aplicable al análisis de la nómina, del técnico y de cualquier tema involucrado con Millonarios. Todos opinan de acuerdo a lo visto, pero son pocos los que son capaces de aceptar el carácter incontrovertible de un hecho. En su lugar, prefieren aferrarse a otros argumentos, o simplemente guardar silencio, esperando que aparezca otro hecho que finalmente valide la opinión inicialmente emitida y así poder ‘cobrar’ por tener la razón.

Por eso los que salen a criticar con vehemencia por la situación irregular del equipo, son típicamente los mismos que callaron cuando el equipo tenía otra cara en las primeras fechas. Y viceversa. Parece que a algunos les duele reconocer que una opinión no tiene el peso de un hecho y que por lo tanto es perfectamente controvertible. Parece que a algunos les puede más la vanidad.

Hay personajes que no son hinchas, sino que pretenden ser analistas caricaturizados. Opinar no es lo mismo que sentirse dueño de la verdad. La opinión en el fútbol es relativa y vulnerable a los hechos. Aunque parezca increíble, sé que hay personas que a estas alturas prefieren fracasar para tener la razón, que ver ganar a su equipo y tener que sufrir frente a la evidencia de un pronóstico mal dado.

Durante todas las pretemporadas muchos nos involucramos en la discusión sobre si el equipo armado está en capacidad de pelear por el título o no. Este semestre algunos profetas pesimistas se atrevieron a pronosticar posiciones finales: “Escasamente entra a los ocho”, “a lo sumo y con algo de suerte termina cuarto”, “llega a semifinales y se cae”, dijeron. “Tiene con qué ser campeón”, riposté. Y lo dije con real convicción. La misma que tengo ahora, aunque reconozco que el camino recorrido no ha sido de rosas y hay varias frustraciones de por medio.

Disfruté mucho su silencio cuando goleamos a América y Santa Fe y el equipo parecía prometedor. Un triunfo de Millonarios siempre será una alegría muy grande, pero ver cómo les costaba reconocer la contundencia de los hechos era un placer adicional. Hoy, a pesar del triunfo del sábado, la situación en la tabla es incómoda y habrá que soportarlos regodeándose (como si un buen hincha pudiera hacerlo) de su carácter visionario y aparentemente atinado.

Tal vez ni los optimistas como yo, ni los más vanidosos pesimistas tengan la razón. Tal vez al final todo se decida de una manera inesperada. Pero en el terreno de la incertidumbre, del que se nutren las opiniones, siempre apostaré por el optimismo y los títulos. Más aún en ligas como la nuestra, donde realmente no es una proeza conseguirlos. Matemáticamente, la apuesta no es sencilla: sólo servirá 1 de 20 escenarios posibles. Los resultados finalmente hablarán y no me costará reconocer la contundencia de los hechos sobre las opiniones. Después de todo, ¿de que sirve tener la razón si para ello tiene que fracasar el equipo que uno ama?

 

Jorge Restrepo

@jorgerest