Espíritu Amateur

Hace ya algunos años, cuando era todavía un niño, asistía al estadio con tanta ansiedad que no podía dejar de pensar en el partido durante toda la semana previa, sin importar cual fuere el rival, la instancia o la situación del equipo. Recuerdo también de joven haber presumido de mi camiseta Runic (la del punto blanco de LG) o de cada una de las camisetas de Saeta, que trataba de adquirir con mucho esfuerzo cada temporada, aunque no siempre lo lograra. Era una suerte de privilegio que, pensaba uno, sólo podían tener pocos. Asistir a El Campín era una experiencia increíble, era ver de cerca esa cancha que se veía tan diferente en TV, era ver las tribunas, era encontrarse con amigos y por supuesto, era ver a mi equipo del alma.

 

Hoy, con más años y frustraciones encima, esa sensación ciertamente no ha desaparecido, pero se ha ido matizando con una serie de ideas que intentan atenuar la experiencia. Pareciera que medios, líderes de opinión, y una cantidad de fracasos que se acumulan año tras año, se hubieran encargado de cambiar esa atmósfera e irse adueñado de la mente de muchos hinchas a través de eso que se denomina “análisis y objetividad”. Para muchos, el plan de “ir a futbol” ha pasado a considerarse agradable y justificable sólo si convergen variables como una buena nómina, un buen DT, eficiencia administrativa, aprobación de los líderes de opinión y desde luego, buenos resultados. Un producto atractivo para un cliente que se rige por las leyes del mercado.

 

Me pregunto si con esa forma pretenciosa de pensar, de intentar parecer un cliente objetivo y exigente, de hablar de refuerzos, de analizar nóminas y revisar balances financieros, hubiera podido disfrutar tanto de esas épocas de antaño en el estadio. Porque ciertamente, bajo los ojos exclusivos y privilegiados de la objetividad e imparcialidad futbolística, esa Runic de la que tanto presumía, fue defendida por jugadores como Nicolás García o Jimmy Montes y debería ser asociada al fracaso, la mediocridad administrativa y deportiva, o a un producto pobre para un paladar exquisito.

 

Me pregunto además si esa constante exigencia, que llega a cuestionar hasta la mismísima asistencia al estadio, es realmente efectiva. Porque también hace años vi ‘Campines’ vacíos, trapos de protesta e incluso finales internacionales con pésimas asistencias, sin que ello hubiera derivado en cambios significativos en la administración del equipo.

 

Contra la lógica nadie discute y es claro que quienes amamos a Millonarios no debemos ser complacientes frente a los malos manejos o a la mediocridad deportiva. No se trata simplemente de ser “felices pero mediocres” mientras sumamos fracasos y vemos a otros ganar. Pero si me ponen a escoger entre ser un hincha, un cliente o un analista imparcial, preferiré siempre la primera opción.

 

En este espacio, por consiguiente, se abordarán temas de actualidad y eventualmente del pasado de nuestro amado equipo desde la óptica de un hincha (que no es lo mismo que un cómplice) y no la de un cliente cualquiera que se rige por la ley de la oferta y la demanda. Utilizando una expresión algo desprestigiada por Norberto Peluffo hace un tiempo, en este espacio habrá análisis, pero con “espíritu amateur”. Ese espíritu que en un buen hincha jamás se negocia y que nos hace sentir hormigueos de ansiedad antes de un partido, teniendo el onceno de Ochoa Uribe, el de Cortés o el de Russo.

 

¡Bienvenidos!

Jorge Restrepo

Tw: @Jorgerest