El ocaso de los ídolos

El ocaso de los ídolos

Colombia es distinguido por su rica diversidad en fauna y flora. Miles de especies, muchas de ellas únicas de nuestro ecosistema, florecen y pese al esfuerzo desmedido de nosotros por acabarlas, siguen maravillándonos con su belleza y majestuosidad. Sin embargo, hay una en particular que hemos estado acabando con sutileza, pero con ahínco, como si hubiera premio de por medio; los ídolos en los equipos colombianos.

En lo que nos atañe a nosotros, Millonarios, hemos sufrido tal devastación de esta estirpe que creo yo, está en peligro de conservación. Los patriarcas de las glorias pasadas siguen poniendo la cara ante los hinchas sin ver uno a quien pasarle la posta, cuando el creador los llame a rendir cuentas. Iguarán, “el viejo Willy”, Vanemerack siguen siendo referencia para todos nosotros en el tema de ídolos azules.

Aceptando que los ídolos son personales, hay unos que no admiten discusión, como los mencionados anteriormente. Porque ellos, más allá de los títulos, consiguieron con trabajo, gambetas y respeto hacia los hinchas, ganarse su puesto en el olimpo de estrellas azules.

Burguez, tal vez, es el último en tomar de ese néctar como ídolo azul. En el tiempo que vistió la camiseta de Millonarios, cuando de verdad estábamos en las malas, sus atajadas fueron dignas de cantos en las tribunas de El Campín. Ese cariño que se le brindo al uruguayo fue fielmente correspondido con jerarquía y responsabilidad.

El futbol moderno también tiene su cuota de responsabilidad en esta devastación. Los jugadores lejos están de querer estar mucho tiempo en un club. Los espejos no son los guerreros que ven en el estadio de la calle 57, sino el Ferrari, las modelos y ver su nombre en ESPN. Los representantes, cual agente toxico, enseñan que la gloria ya no es el amor del hincha, ahora la gloria son los ceros en a la derecha en la cuenta bancaria.

Entre ser tribuneros de poca monta, sospechas de sindicatos infortunados y corto y no seguro paso con la camiseta azul y blanca están los aspirantes a subir al monte de los ídolos embajadores. Los últimos años, en los clásicos disputados como ha faltado de esa impronta y respeto por los rivales, que infundían, me cuentan, Segovia, Brand, Gaviria, Delio y, los que vi, Prince, Vanemerack, Juarez y el gran Arnoldo Igurarán.

El que tiene el camino más expedito para lograrlo es Pedro Franco. De la casa en todo el proceso de inferiores, campeón en los dos últimos títulos conseguidos y una entrega y disciplina silenciosa a darlo todo en la cancha. Ahora, como no lo tuvieron los últimos ídolos nuestros, las redes sociales destruyen, con la misma pasión y rapidez que los crean, a jugadores como Franco que, hay que decirlo, el año pasado tuvo su peor semestre con Millonarios, pero hoy por hoy ha mejorado montones. Ojalá consigue ser un nuevo indiscutido como ídolo de Millonarios.

La próxima vez que vean al “Guajaro” en el estadio, pídanle una foto y autógrafo. Sospecho, con dolor, que los ídolos son una especie que va a desaparecer.

Mauricio Gordillo

@maugor